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Mexico 1994, La Crisis Que No Se Olvida

Guillermo Barba/ OroPlata.com
DICIEMBRE 06, 2012


Mexico 1994, La Crisis Que No Se Olvida

México 1994, La Crisis Que No Se Olvida

Hace algunas semanas relatamos las causas que llevaron a México, a lo que se conoció como crisis económicas sexenales que coincidieron, no por casualidad, con los cambios de gobierno desde 1976. Dijimos entonces, que el mundo parece estar condenado a repetir los mismos errores del pasado, pues la memoria de la gente y sobre todo de los políticos, parece ser muy corta.

México es un claro ejemplo de ello. Los años ´80 fueron de grandes transformaciones tanto en lo político como en lo económico, pues las crisis previas empujaron el surgimiento de una nueva clase gobernante, conocida como “tecnócratas”, de la que el ex presidente Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) es quizá el máximo exponente.

Se supone que estos funcionarios, formados muchos de ellos en las mejores universidades de Estados Unidos, tendrían pleno conocimiento de los principios que dan sólido sustento al crecimiento y desarrollo económicos, pero los resultados demostrarían más tarde, que no era así. 

Esto, a pesar de seguir los dictados del llamado “Consenso de Washington”, que en síntesis implicaba tres cosas: apertura comercial, privatización y desregulación, claro, procurando en todo momento, se supone, la estabilidad macroeconómica.

El presidente Miguel De la Madrid (1982-1988) había logrado estabilizar la economía hacia finales de 1987, y un año más tarde le entregó el poder a Carlos Salinas, quien a su llegada, buscó controlar el viejo problema mexicano de la inflación a tal grado, que volvió a caer en la tentación de manejar la economía y “defender” el valor del peso. 

Lo hizo manteniendo un tipo de cambio casi fijo, que junto con la apertura comercial y la competencia que trajo, se convirtió en la palanca que permitiría atenuar la inflación, pero generando desbalances en las cuentas con el exterior y la sobrevaluación del peso, que luego se pagarían muy caro.

Ante la necesidad de contar con mayor cantidad de dólares para financiarse, México hizo ajustes legales que permitieron la entrada de capitales foráneos de corto plazo que, desde 1989, no dejaron de llegar. 

Dicho de otro modo, ya había señales desde el principio, de que este modelo de crecimiento sería insostenible, y en lugar de tomar acciones correctivas, se optó la salida fácil de recurrir a la “tarjeta de crédito” que estas divisas extranjeras nos significaban.

De forma paralela, el presidente anunció el inicio de las negociaciones para un eventual tratado de libre comercio con Estados Unidos. La visión de muchos empresarios empujó entonces la entrada de una gran cantidad de inversión extranjera directa, a niveles muy superiores a los vistos en la década previa. 

México se volvió un país “de moda”, que soñó con ser parte, por primera vez, del mundo desarrollado. Un sueño que se desvanecería muy pronto.

Así las cosas, 1994 llegó como un año lleno de esperanzas que terminaría en tragedia. 

Entró en vigor, cierto, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en inglés), pero estalló también el conflicto zapatista en el estado de Chiapas y asesinaron al candidato presidencial del PRI, Luis Donaldo Colosio, que de otro modo, hubiese llegado a la silla presidencial.

Estos sucesos no fueron las causas de la crisis, pero sin duda se convirtieron en un factor más de preocupación para los inversionistas extranjeros, que poco a poco comenzaban a retirarse, a grado tal, que una devaluación era inminente, un secreto a voces.

El déficit de la cuenta corriente, desde luego,  se disparaba ya a niveles preocupantes, de manera que el gobierno federal comenzó a emitir cada vez más bonos indexados al dólar (Tesobonos) para tapar el agujero. 

La huída de capitales del país, daba así la señal de alarma, y con un tipo de cambio semi fijo, se vaciaban las reservas internacionales. No obstante, otra vez, el gobierno no hizo nada para corregirlo.

Se estima que alrededor de ¾ partes del déficit de cuenta corriente tuvieron que ser financiadas con inversión especulativa, que no dudó en irse antes de que fuera demasiado tarde para ellos. 

Con el cambio de gobierno en diciembre de 1994, hubo nuevos errores políticos como el anuncio del entrante secretario de Hacienda, de desplazar la “banda de flotación” del tipo de cambio en 15%. Fue la gota que derramó el vaso, pues el ajuste no solo era insuficiente para corregir la sobrevaluación del peso, sino que era la admisión oficial de que el país estaba en graves apuros.

Se dio así el banderazo de salida a una nueva devaluación que desplomó al peso: de 3.50 pesos por dólar el 19 de diciembre, hasta 5.76 una semana más tarde. Había entrado en vigencia la “libre flotación” del tipo de cambio.

Se tuvo que tomar una serie de medidas que implicaron recortes presupuestales, la elevación de la tasa del Impuesto al Valor Agregado de 10 a 15% y la restricción del crédito interno, entre otras. También hubo “ayudas” de Estados Unidos, el FMI y otros bancos centrales por decenas de miles de millones de dólares.

Sobra decir que ante la emergencia, los tipos de interés se dispararon. El rendimiento de los CETES (Certificados de la Tesorería de la Federación) a 28 días, llegó en marzo de 1995 a rebasar el 80%.

Los créditos, parte fundamental de toda simulación de prosperidad, colapsaron. El endeudamiento de los mexicanos con la banca, gracias al cual pudieron adquirir inmuebles, autos, bienes durables, etc. a tasas relativamente bajas y “fáciles” de pagar, y que por tanto propició el aumento del consumo, se volvió impagable en gran parte. A la fecha, se sigue pagando el “rescate” que tuvo que hacerse de la banca comercial a causa de ello.

Ese año, la caída del PIB fue de casi 7%, lo que significó en los hechos años de retroceso en materia económica.

Como queda claro, cuando la política pretende someter de manera artificial a su hermana siamesa, la economía, el resultado solo puede ser el desastre. Una lección que jefes de Estado y presidente de bancos centrales, en la actualidad, deberían tener en mente.

Manipular a la baja los tipos de interés para alentar más consumo, crear divisa para inyectarlo a la economía y “estimularla”, mantener o elevar los déficits fiscales y la deuda pública y privada, son síntomas políticos actuales de una economía mundial enferma. 

Por eso, no sorprende que los defensores y beneficiarios de esos instrumentos de política económica y monetaria, insistan en denostar a la única moneda que no pueden crear a voluntad: el oro. Todo con tal de mantener la ilusión de que están arreglando todo.

Por eso, cuando ocurren correcciones en su precio como las observadas en los últimos días, proliferan los artículos y notas, que no dejan de cantar que el “toro” (mercado alcista) del metal, ha muerto, o bien, que ha “dejado de ser” un refugio seguro.

Un discurso viejo y desgastado pese al cual, el oro en los últimos 12 años no ha dejado de subir. 

Es ese, el mensaje del oro, el que ahora no los ciudadanos de un país como México, sino los de todo el orbe, deben atender para prepararse a tiempo ante lo inevitable: una gran crisis que, como suele hacerlo, pondrá por la fuerza las cosas en su justo lugar.

Billetes de Pesos Mexicanos, devaluados y sin valor alguno (papel)

 

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