Hiperinflación: Cuidado, No Es Un Cuento Chino

Guillermo Barba / OroPlata.com
NOVIEMBRE 05, 2012


Hiperinflación: Cuidado, No Es Un Cuento Chino

La historia está repleta de casos en los que la insensatez, ha conducido a graves episodios de lo que se conoce como hiperinflación. Esta, ocurre cuando hay una pérdida absoluta de confianza en una divisa, y ante la caída en su aceptación, los precios medidos en ella se disparan rápido y a niveles inimaginables: para recibir un pago, se exige cada vez más y más cantidad de ese falso dinero para tratar de compensar la devaluación inmediata que sufre, incluso, mientras apenas se pasa entre las manos. 

Una carrera sin control provocada por la creación masiva de divisa, que a diferencia del dinero, el oro y la plata, puede ser creado “de la nada”. Visto desde otra óptica, no es que los precios suban, sino que es el valor de la divisa el que se diluye, en proporción a la velocidad con que ésta se imprime e inyecta al mercado.

La respuesta que dan las leyes de la economía es muy claro: “podrán crear las divisas a voluntad, pero no así la riqueza”. De ser tan fácil, la pobreza no existiría en el mundo, pues bastaría con entregar o depositar en efectivo una determinada cantidad a las personas, para satisfacer todas sus necesidades y deseos, un absurdo.

La hiperinflación suele presentarse a causa de algún acontecimiento violento, de gran impacto, como una guerra civil o contra otro país, por lo que juega también un rol fundamental la decisión política de financiar de forma directa, gastos con billetes recién impresos y sin respaldo en metal. El impacto es inmediato, pues la puesta en circulación es instantánea.

El caso de la China de mediados del siglo XX, es uno de los más representativos de entre los fenómenos hiperinflacionarios. Un reciente estudio de Steve H.Hanke y Nicholas Krus, editado por el “Cato Institute”, ha podido estimar que entre octubre de 1947 y mediados de mayo de 1949, tomaba en promedio solo 5.34 días para que los precios, medidos en yuanes, se duplicaran.

Con su cálculo, en el mes de inflación más alta (abril de 1949), la tasa fue de un impresionante 5,070%. Cabe recordar que esto sucedía en medio de la cruenta lucha interna por el control del país, entre Nacionalistas y Comunistas, que culminaría con la victoria de estos últimos, y  que dio pie a la fundación formal de la República Popular China, por Mao Zedong, el 1 de octubre de ese mismo año. 

De ahí que los gastos que ambos bandos financiaron con papel, fueron sobre todo los bélicos. Los comunistas incluso pusieron en circulación divisas locales en las zonas que fueron controlando.

Del mismo modo, cabe señalar también que durante los 10 últimos años que los nacionalistas ostentaron el poder, mantuvieron siempre elevados déficits fiscales, en parte también, para hacer frente a los gastos militares producto de la guerra con Japón, que duró de 1937 a 1945. No es casual por tanto, que en ese periodo China hubiera sufrido un periodo hiperinflacionario previo, aunque menor, entre julio de 1943 y agosto de 1945, cuando la duplicación de precios tomaba solo 15.2 días.

Llama la atención que justo a la mitad de la segunda gran hiperinflación china, el 19 de agosto de 1948, fue introducida una reforma monetaria que reemplazó los viejos billetes por nuevos “yuanes de oro”, a una razón de tres millones a uno. Desde luego, la palabra “oro” solo era una idea para dar más “confianza”, pues en realidad no se trataba de billetes amparados, redimibles en el metal. Era simplemente otra divisa que correría luego la misma suerte que la anterior.

En realidad, lo más relevante de esa reforma fue que se prohibió la tenencia de oro y plata a los individuos, que tenían que entregarlo al banco central de forma obligatoria a cambio de “yuanes de oro”. Tanto precios como tipos de cambio fueron congelados a los niveles vigentes en esa fecha, y se impusieron castigos severos contra “especuladores” y aquellos que fueran descubiertos realizando transacciones en el mercado negro.

Todas estas medidas, son típicas de todo gobierno que se ve inmiscuido en procesos inflacionarios, sin saber que además de absurdas, son inútiles, pues el mercado y el dinero real, al final, siempre prevalecen.

La prueba está en que desde mediados de octubre la presión social creció a tal grado, que los controles de precios fueron hechos a un lado, sin remedio, el 1 de noviembre, pues los comerciantes ya se negaban a vender sus productos a los precios oficiales. Llegó el caos.

Solo la centralización del poder en toda la China continental, alcanzada con la victoria de los comunistas sobre el decadente gobierno nacionalista, habría de traer mayor estabilidad hacia el primer trimestre de 1950. 

En preparación para esto, el recién fundado por ellos Banco Popular de China (PBOC por sus siglas en inglés), había comenzado en diciembre de 1948, a emitir los billetes de la nueva divisa que comenzó a unificar todas las locales que circulaban en territorios dominados por las tropas de Mao, y a remplazar los moribundos y rechazados “yuanes de oro”.

El titular del PBOC en julio de 1949, estimó que la emisión total de estos últimos, en mayo de ese año, habría alcanzado los 60 billones de yuanes áureos, cuando unos meses antes, en noviembre de 1948, oficialmente estaban circulando solo 3.4 mil millones.

Como vemos, la trágica historia de la hiperinflación china es otra muestra de lo que sucede cuando se prueban los límites de la creación de divisa, y de que se diga lo que se diga, el resultado nunca es la creación de riqueza, sino la generalización de la miseria. Un cuento de nunca acabar, que seguirá sorprendiendo en la actualidad a los que, por no protegerse con activos tangibles como el oro y la plata, les seguirán robando sin darse cuenta.

Mientras el valor de la divisa se hundía, el Kuomintang decidió distribuir 40 gramos de oro por persona.  Miles de personas salieron y esperaron por horas para recibir esta cantidad de oro.  La policía, equipada con armas de alto calibre, poco pudo hacer para mantener el orden.  Diez personas murieron apretadas unas entre otras.

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